Mujeres republicanas, por Javier Larrauri

En la búsqueda de un evento que pudiera relatar para una asignatura de la universidad, apareció en mi camino la exposición de Javier Larrauri, “Mujeres republicanas”.

El viernes 19, a las 20:00 horas en el Ateneo Republicano de Vallecas se suponía que debía comenzar la exposición, pero seguía viniendo más y más gente de fuera y pronto no hubo sillas suficientes. Calculo que allí estaríamos unas setenta personas, pero el ambiente era cálido, como si de una reunión entre amigos se tratara.

Javier Larrauri es el hombre alto, joven, que viste una camiseta con los colores de la República. Lleva la cabeza rapada y una barba negra. Es artista plástico y el realizador del documental. La exposición de retratos de las mujeres que defendieron la II República durante la Guerra Civil fue inaugurada el año pasado en Rivas, pero nosotros vamos a ver el documental que incluye también los cuadros que pintó de cada una de las mujeres. Todos los que allí esperamos no podemos imaginar la grata compañía que nos espera: allí están presentes, y en primera fila, Carmen Arrojo, Concha Carretero, Nieves Torres y Felipa Plaza, protagonistas de esta emocionante historia.

Uno de los músicos que ha colaborado en el documental comienza a tocar el himno de Riego y, de entre todas las cabezas oscuras que hay en la sala, afloran tres pequeñas y con el pelo blanco, y cuatro puños que se alzan con decisión -quizás con menos fuerza que antaño- pero no con menos ganas.

Nieves Torres inauguraba aquella serie de entrevistas en las que, quince  mujeres de más de ochenta años, relataban cómo defendieron a la República, sin importarle a ninguna la posibilidad de morir por la causa.

Lo malo es cuando te meten en una celda pequeñita y te encierran

Felicidad García Bienzobás.

He estado politizada y lo sigo estando. Mira, esta foto es del día que salí de la cárcel. ¡Mira qué cara tenía!

Vicenta González.

Íbamos a escondernos a los olivos. Eso sí que era pasar miedo. Mucho miedo

Carmen Arrojo. Quien levantó una guardería en la Carrera de San Francisco para los niños huérfanos de la Guerra. Me pregunto de dónde sacará las fuerzas para hablar tan enérgicamente una mujer de noventa años que recuerda cada detalle de aquellos días.

Cuando me detuvieron, me obsequiaron con aceite de ricino

En el metro dormía muchísima gente, pero también bombardeaban las bocas del metro; recuerdo que Callao la destrozaron

Flor Cernuda. Quien cantó el Quinto Regimiento desde la residencia en la que se la entrevistó. Ahora, las que están presentes también la acompañan con sus voces.

No he ido a misa ni allí ni a ningún sitio.

¿Qué cómo veo la España de hoy…? si yo no la veo…

Piedad Arribas. Quien había sido una miliciana combatiente y que tuvo la mala de suerte de ser apresada nada más estallar la guerra.

Estábamos catorce mujeres en una celda de una sola.

Lucharé hasta que pueda.

Felipa Plaza. Quien había sido nombrada Madrina de Guerra del Batallón Alpino por las Juventudes Socialistas mientras defendía a la República.

¡Bueno, pues nombrarme lo que queráis!

Concha Carretero. Quien afirma estar en el mundo gracias a la solidaridad, el cariño y el amor que recibió de las presas.

Hay mucho que hacer todavía, y a nosotros no nos dejaron conseguirlo…

Ángeles García-Madrid. A quien la guerra la convirtió en poeta para no morirse de pena. Conoció a las Trece Rosas.

Tengo miedo de morir con el PP gobernando.

Angustias Martínez.

Ha sido una vida muy dura, pero no me pesa a mis noventa años.

Carmen Rodríguez.

Creo que habrá una III República.

Ana Zamudio.

Somos de izquierdas, como es natural.

Aurora Galé cerraba el documental. Ella había sido hija de un miembro de la CNT y tenía alojada una bala en uno de sus pulmones. Y, orgullosa, mostraba una enorme radiografía a tamaño natural de sus dos pulmones (uno de ellos con un objeto de forma redondeada dentro) contra su cuerpo.

Los aplausos inundan la sala. Porque el trabajo es una delicia, porque sus protagonistas son increíbles. Luego, las cuatro presentes se sentaron en cuatro sillas del estrado, y nos contaron aún más anécdotas, e incluso, nos regalaron algún consejo.

Carmen Arrojo comenzó hablando de su estancia en la cárcel:

Cuando teníamos que hacer nuestras necesidades, fuera, allí habían hecho unas letrinas. Íbamos acompañadas por dos soldados para que no nos escapáramos. ¡Con qué tranquilidad podíamos hacer nosotras nuestras cosas! ¡Era horrible! Menos mal, que, normalmente los soldados se volvían para que pudiéramos hacerlo con más tranquilidad. Y yo me acuerdo que había una mujer en el pueblo que era saladísima y un día les dijo a los soldados que nos llevaban a hacer pis: “desde luego, pa’ poco os ha valido ganar la guerra, porque pa’ venir a acompañar a cagar a las rojas…”

En el campo de concentración teníamos que dormir en el suelo. Y no teníamos nada. Tengo que hacer una declaración contra mi voluntad: ¡los únicos que nos trataban bien eran los italianos!

Y luego le tocaba el turno a la genial Concha Carretero, que pidió antes un homenaje por las Trece Rosas y por los Cuarenta y Dos Claveles. Nos recomendó el documental “Que mi nombre no se borre de la memoria” y nos avisó de que la película de Martínez Lázaro nada tenía que ver con la realidad.

Eran muy amigas mías. Muy camaradas. Me detuvieron en mayo, fueron a mi casa a por mí. Yo estaba en el mismo expediente que las Trece Rosas, y estoy aquí de casualidad. Porque mi vida está llena de casualidades. Me echaron pena de muerte en el Juzgado de Masonería y Comunismo. Me juzgaron en marzo del 44. A mí me soltaban por la calle para, que quien me saludara, fuera también pa’ dentro. Entonces, cuando veía a alguien conocido, con la vista le decía que no se acercara, que iba perseguida. Pues en una escapada de esas, a mi novio también le sacaron de la cárcel, aprovechamos el tiempo y tuvimos una hija. Cuando me juzgaron, estaba ya con mi niña, antes de cumplir el año, y nos decía “papá, mamá, guapos, guapos” y le lanzaba besos al jurado. Yo digo que el jurado se lo ganó la niña, porque les llamaba guapos cuando yo me cagaba en su padre. ¡La iban a dejar sin padre y sin madre! Nos metieron en un cuarto, yo ya con mi hija en brazos, que eso… eso no me lo quita nadie. Despidiéndome de ella. Con lo bonita que es… cómo va a vivir esta niña, decían. Total.. que al rato dicen ¡Concha Carretero… -y yo, el último adiós- …absuelta! Se me cayó la niña y me caí al suelo de la flojera que me entró. Por lo que fuera, me escapé.

Los que nos ha quitado, llenos de vida, llenos de juventud, de ilusiones y de esperanza en un mañana… eso es lo que no me entra a mí. No acabo de asimilarlo. Que nadie lo vuelva a pasar mal.

Y para finalizar, las cuatro mujeres entonaron la Joven Guardia con el puño derecho en alto -Concha Carretero y Carmen Arrojo de pie- y el aplauso, la admiración y el agradecimiento de todos los que tuvimos el privilegio de conocerlas, ponía punto y final a una exposición más que recomendable.

Carmen Arrojo relata su experiencia en prisión

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Una respuesta a Mujeres republicanas, por Javier Larrauri

  1. Isa dijo:

    Es un evento y un trabajo fantástico.

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