El fascismo durante la República

A mi no me entra en la cabeza que todavía haya críos -porque eso es lo que son muchos de ellos- que se llamen a sí mismos fachas y que vayan luciendo el aguilucho en la bandera de España

Entre pregunta y pregunta, una de las personas a las que entrevisté ayer me decía estas palabras. Yo le había preguntado por el movimiento estudiantil de la Transición después de que Franco muriera y me habló del año 76 y de un agonizante franquismo que trataba de sobrevivir desesperadamente. Y luego me advirtió que todavía, aunque no lo comprendía, existían aquellos residuos.

Un poco tarde, por tres días, para hablar del famoso 20-N, de cuando murió Jose Antonio Primo de Rivera y el día que tenía que morir el Generalísimo. Muchos los recuerdan, como es lógico. Está claro que cada uno desde un punto de vista diferente. El más extremo, el de peregrinar a ese infame -perdón- monumento erigido en “memoria” de los que cayeron. Los que cayeron.

Recuerdo a una indignada Concha Carretero, el viernes pasado, que no acababa de asumir la muerte de aquellos camaradas que tenían mucho camino que recorrer. Y para ellos está dedicado esa mole de piedra, ese garrafal absurdo. Levantado por y para ellos.

Decía un inofensivo libro destinado a la enseñanza primaria, editado en 1960, “Temple Juvenil” de Carlos Rey Aparicio, lo siguiente en referencia al Valle, y cito textualmente (pág 42):

Muy cerca de El Escorial, está el Valle de los Caídos. A este lugar de paz y de belleza natural se trasladan los restos de millares y millares de españoles que, en uno y otro frente -fíjate en el propósito de la hermandad de la fundación-, que dieron su vida en la Cruzada de la liberación. (…) Franco, de quien ha sido la gran idea de esta construcción conmemorativa, escogió el emplazamiento…

Capítulo 4, “nuestra bandera y nuestro escudo”, del volumen Temple Juvenil (Carlos Rey Aparicio, 1960)      

Que la manipulación y la demagogia fueran las asignaturas preferidas por el Régimen para adoctrinar a los escolares es otra cosa, y no me interesa profundizarla en este espacio. Pero este fragmento denota la importancia y lo simbólico del lugar para quienes salen a la calle el 20-N y deciden peregrinar hacia allí, como consecuencia de un fanatismo relacionado estrechamente con un hombre que logró mantener viva una dictadura durante cuatro décadas, con la excepcionalidad -por parte del caudillo, claro está- de hacerlo fuera del contexto histórico mundial.

Y lo inquietante es que algunos de los miembros pertenecientes a esos grupos radicales, en el fondo, no saben por qué lo hacen. Qué implica entonar un Cara al Sol, qué simbolizan los símbolos de tu bandera (tan poco oficial como la que yo saco cada 14 de abril), de qué hablan tus ideales, ¿has leído algún libro de Historia que pueda calificarse como tal?, ¿Crees en todo lo que dices ser, sabes lo serio que es lo que te hace enorgullecer?

Y ahora es cuando empiezo, de verdad, a escribir lo que me proponía en un principio: esta situación no ha nacido como consecuencia de la muerte de Franco; ya había en la Segunda República quienes se declaraban fascistas (y, por favor, quede claro que Franco no comulgaba con el fascismo persé, y aunque adoptara sus símbolos, no era fascista) y afines a las derechas sin saber muy bien de lo que estaban hablando.

He querido rescatar un discurso de don Manuel Azaña, del día 16 de febrero de 1936, finalizado ya el bienio radical y en plena campaña del Frente Popular, que hablaba precisamente de esto, de la bendita ignorancia. No será difícil que a más de uno, mientras lee las palabras que en su día pronunció el que poco después sería nombrado Presidente de la República, le recuerde a algo la descripción que Azaña hace en su discurso.

Estoy harto de saber -ya va uno teniendo años y conoce bien su pueblo- que esto del fascismo en España es un pasatiempo de señoritos. Fascismo en España no puede haberlo por razones que son placenteras e incluso por razones que no lo son tanto. Sin embargo, la razón principal es la contextura psicológica del español, que no aguanta una disciplina. ¡Cuesta trabajo a los españoles disciplinarse en un partido, cumplir sus deberes más elementales, y se piensa que va a haber fascismo! Yo les daría a esos fascistas el fascismo durante cuarenta y ocho horas, y veríamos cómo salían gritando por las fronteras que ya bastaba de fascismo. Lo sorprendente es que hay gentes que, a título de conservación social, se dicen o propenden a decirse fascistas. Si en nuestro país se aplicase a las clases conservadoras una mínima parte de la legislación fiscal que se ha implantado ya en algunos países europeos, ya verían ustedes lo que iban a pensar del fascismo, del nacionalismo y del Estado totalitario. Estoy seguro, además, de que no pudiendo acomodarse al carácter español una organización de este tipo, militrarizada y jerarquizada, como no se usa siquiera dentro de las organizaciones auténticamente militares, lo que pasa en el fondo, y lo que resultaría al fin, es que, a través de esas pretensiones, más o menos modernas, y que son tan viejas como la palabra tiranía, a través de todo eso, lo que habría en España sería la consabida dictadura militarista y clerical, a la que estamos acostumbrados.

Aquí se harían las cosas a la española, como se hacen en todas partes, según el uso nacional. ¡Fascismo en España! Ya sabemos lo que es. Un caudillo dictador en el Palacio de Buenavista y fuertes expansiones del clericalismo triunfando sobre los restos de la voluntad nacional. No. Fascismo, no. Estado totalitario, menos aún.

Retrato de Manuel Azaña

 

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Una respuesta a El fascismo durante la República

  1. irene dijo:

    gran post, gran proyecto. Mua! =)

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