Las maestras de la República: formación y condiciones laborales

no solamente se las enseñe a leer, escribir y algo de aritmética […], sino que reciban clases de cultura feminista, de influencia feminista […], en donde se pueda influir en su ánimo, en su espíritu, elevando sus sentimientos

Estudiantes (Historia de España, Francisco Sánchez Pérez)

Era Amparo Navarro Giner quien reclamaba la creación de escuelas nocturnas para la educación de las mujeres adultas que no habían tenido la oportunidad de ir a la escuela, sobre todo, para las obreras. Y aunque la alfabetización de las mujeres se presentaba con carácter urgente ante los sucesivos gobiernos de la República, la educación primaria siempre ocupó un lugar primordial para frenar la ignorancia entre las generaciones más jóvenes de españoles. España no tenía suficientes escuelas; y mucho menos, suficientes maestros. Una vez decretada por el Gobierno provisional la creación de las escuelas que necesita el país, urgía habilitar el procedimiento para seleccionar a los maestros que habían de regentar dichas escuelas. Con el Decreto del 23 de junio de 1931 se crearon siete mil plazas de maestros y maestras con destino a las Escuelas Nacionales, y con el Decreto del 3 de julio, del mismo año, quedaron aprobados los cursillos de Selección Profesional. De hecho, lo más urgente y eficaz no era educar niños, sino hacer maestros capaces de educar niños; y para ello, había que comenzar por establecer dos premisas que encontraban su base en la vocación de los futuros maestros. La primera de ellas reivindicaba la Pedagogía como una ciencia que debía sentirse no como tal, sino como un arte nacido de la inspiración; la segunda, defendía que, desde la inspiración, el maestro descubría a cada niño y, en cada momento, la verdad viva que cada niño y el momento impusieran.

Clase de primaria (A escola da Segunda República, Flores Tristán)

Clase de primaria (A escola da Segunda República, Flores Tristán)

El sistema seguido hasta ahora no podía satisfacer los nuevos empeños educativos de la República. Era necesario prescindir del anticuado sistema de oposiciones para adoptar normas más racionales en la elección del personal. Las clásicas oposiciones se sustituyen por unos cursillos de selección que constaban de tres partes. Además, se estableció que la edad mínima de los asistentes debía ser de dieciséis años. En la primera de ellas, se cursaban asignaturas tales como clases de Pedagogía, Letras, Ciencias, Enseñanzas auxiliares y de Organización y Metodología en las Escuelas Normales y Primarias. La segunda parte consistía en la realización por parte de los aspirantes al Magisterio de prácticas de enseñanza. Por último, se impartían lecciones de orientación cultural y pedagógica. Durante la duración del curso, los aspirantes debían redactar una breve nota diaria acerca de las tareas realizadas durante la jornada. Estas anotaciones eran presentadas al Tribunal provincial de selección personal, quien se encargaba del seguimiento de los futuros docentes y evaluaba su progreso para, finalmente, calificar al aspirante. La enseñanza se catalogaba dentro del grupo de las “profesiones liberales” que solían ser frecuentadas por miembros de las clases más altas. Pero, ¿qué papel desempeñaba la mujer, ante el machismo que impregnaba la sociedad y la dificultad para competir con sus homólogos masculinos? Las profesoras se concentraban en los niveles educativos inferiores, y conforme ascendemos a grados superiores (que demandaban una mejor cualificación y reportaban un sueldo mayor) su proporción va reduciéndose considerablemente. Las mujeres constituyen casi la mitad de los docentes en las escuelas primarias, normales y conservatorios de música. Su porcentaje se reduce en las escuelas medias (entre el 10% y el 2%) y más aún en las facultades de las universidades (entre el 3% y el 1%). En estas últimas existía una relación directa entre el porcentaje de alumnas y profesoras; es decir, que allí donde aparecía una mayor proporción de alumnas (en las facultades de Filosofía y Letras y en Farmacia), era donde las tasas relativas a la presencia de maestras ascendía. Aunque se tratase de mujeres instruidas y con un alto nivel de formación, no siempre podían ascender a puestos más prestigiosos por méritos propios. En 1932 se recogieron algunos casos de reticencia ante la entrada de mujeres en los puestos educativos más altos. Julia Parody, una afamada concertista con varios premios en su haber, protagonizó un injusto capítulo de discriminación laboral; y es que, habiendo aprobado la oposición para ocupar una plaza de catedrático de conservatorio de música, el Ministerio se negó a concedérsela.

Muchachas que terminaron Magisterio en 1934 (A escola da Segunda República, Flores Tristán)

Las circunstancias en que debían trabajar las maestras variaban según el nivel educativo al que se dedicaran y el hábitat rural o urbano en el que impartían sus enseñanzas.Las condiciones más duras eran sufridas por las maestras rurales. Sus sueldos eran exiguos en comparación con otros profesionales del Estado, aunque experimentaron un aumento a lo largo de la República; además, desde el 1 de julio de 1931, la jornada laboral se había establecido en ocho horas. En 1931 la retribución media de una maestra era de tres mil ciento sesenta y dos pesetas anuales, aunque el 76% del total cobraba tres mil o menos. Para 1935 el sueldo medio era ya de tres mil seiscientas ochenta y dos pesetas y tan sólo el 53% cobraba tres mil o menos.

La labor de las maestras rurales de desarrollada normalmente bajo condiciones penosas. Muchachas pertenecientes en su mayoría a las clases medias, acostumbradas a disponer de luz eléctrica y cuarto de baño en sus hogares, y a leer periódicos o ir al cine, se encontraban sin todo esto al llegar a su destino de trabajo. Las jóvenes se hundían durante años en localidades muy apartadas que solían estar muy mal comunicadas. Algunas estaban tan lejos de su hogar que sólo podían volver a este en vacaciones estivales. Por otra parte, los locales de las escuelas se encontraban, en su mayoría, en condiciones lamentables; algunos, dadas las circunstancias, consistían en cuevas abiertas en los montes. Además, el material didáctico era deplorable y para colmo de la maestra, en ocasiones, salía a recibirla una comisión de vecinos para exponer a su recién llegada que las lecciones impartidas a las niñas debían limitarse a la lectura, la escritura y la costura. En los niveles medios de la enseñanza, las retribuciones aumentaban y como los centros docentes solían estar ubicados en capitales de provincia, las condiciones de vida mejoraban considerablemente para los profesionales y el sueldo medio anual ascendía a las seis mil pesetas.

Esta entrada forma parte de un trabajo realizado para una asignatura de la Universidad. Las fuentes consultadas fueron: La vida amorosa en la Segunda República (Rafael Abella Bermejo, 1996); Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil (Mary Nash, 2006); La enseñanza en la Segunda República española (Mariano Pérez Galán, 1977); Historia de la educación en España. La educación durante la Segunda República y la Guerra Civil (1931-1939) (Antonio Molero Pintado, 1991); Trabajadoras en la Segunda República – un estudio sobre la actividad económica extradoméstica (1931-1936) (Mª Gloria Núñez Pérez, 1989); y La geografía del bachillerato español (1836-1970) (Alberto Luis Gómez, 1985)

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