El teatro de los jóvenes universitarios. La Barraca

La Barraca es para mí toda mi obra, la obra que me interesa, que me ilusiona más todavía que mi obra literaria, como que por ella muchas veces he dejado de escribir un verso o de concluir una pieza, entre ellas Yerma, que la tendría ya terminada si no me hubiera interrumpido para lanzarme por tierras de España en una de esas estupendas excursiones de mi teatro.

Federico García Lorca posando con el cartel diseñado para La Barraca por Benjamín Palencia (Fundación Federico García Lorca, Madrid)

Si por algo se caracteriza la Segunda República es por la creación de una conciencia popular orientada a la posibilidad de acceso a la educación para la población. La intelectualidad, junto con la cultura obrera, articulan la culturización y modernización del país fuera de las escuelas y las universidades. Y el teatro es una de las formas más eficaces para conseguir ese objetivo, pues tiene el poder de llegar a todos mediante la palabra en acción. Por eso, el gobierno lanzó dos proyectos escénicos: el Teatro del Pueblo y la Barraca.

Las Misiones Pedagógicas, que incluían el Teatro del Pueblo, fueron creadas en 1931 y desaparecieron al comienzo de la Guerra Civil.  Se encargaban de difundir la cultura general, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas y villas y territorios olvidados de España, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural.  También se procuró interesar a la sociedad en la conservación y el acrecentamiento del Patrimonio Histórico.  Entre los misioneros que participaban en las actividades organizadas se encontraban escritores, maestros, o actores.  Paralelamente, otros grupos de teatro formados por jóvenes miembros de la Federación Universitaria Escolar (FUE) propusieron la ruptura y la búsqueda de nuevos públicos: la Barraca fue el más destacado. Provenía de Madrid, y contaba como líder a Federico García Lorca. Los recursos eran escasos, no así el entusiasmo de sus integrantes.

Bocetos de Benjamín Palencia (Fundación Juan March)

El nombre de “Barraca”, según Lorca, fue escogido porque el primer grupo de estudiantes que reclutó tenía la idea de inaugurar un local en Madrid a modo de barraca. Allí se ofrecerían  las representaciones, muchas de ellas títeres. Y aunque el proyecto no continuó de esta forma, todos se encariñaron con el nombre. La imagen emblemática de la compañía integra la máscara, símbolo del arte de Talía, y el carro de Tepsis, encargado de abrirse camino allá donde fuera. En cuanto a la indumentaria, basta con leer lo que el escritor José María de Salaverría escribió en 1932:

¿Un poeta andaluz vestido con el mono de los proletarios? Por algo dice la Constitución que somos una República de trabajadores. […] Parece un mecánico, un chófer, un obrero de taller, con su traje azul oscuro de tela ordinaria […] El cantor de los gitanos patéticos se ha transformado en un maquinista o cosa así.

Componentes de La Barraca

Los barracos habían sido reclutados mayoritariamente en las aulas de la Universidad Central de Madrid y debían compaginar sus estudios con su afición por el teatro, que los hacía recorrer España de un extremo al otro. Se presentaron numerosos estudiantes a la convocatoria para actores de La Barraca y fueron seleccionados por Ugarte, Lorca, asesorados por el criterio de los catedráticos Pedro Salinas y Américo Castro.

La Barraca se sostenía entre la tradición y la vanguardia; entre el respeto a los autores del pasado y el afán por incorporar los novísimos lenguajes artísticos. El teatro universitario venía a renovar la escena española desde una perspectiva propia y ejercía una doble labor: rescataban los clásicos del olvido y se los mostraban a quienes habían sido privados del teatro. Los espectáculos de La Barraca fueron La vida es sueño (Calderón de la Barca), Entremeses (Cervantes), El retablo de las maravillas , Fuente Ovejuna (Lope de Vega), El burlador de Sevilla (Tirso de Molina), Égloga de Plácida y Victoriano (Juan del Encina), La fiesta del romance, Las almenas de Toro (Lope de Vega), El caballero de Olmedo (Lope de Vega), y Retablillo de don Cristóbal (García Lorca).

Ante la cuestión de si el pueblo estaba o no preparado para presenciar clásicos, quizá demasiado complejos para su conocimiento, Lorca lo tenía muy claro:

Hay millones de hombres que no han visto teatro. ¡Ah! ¡Y cómo saben verlo cuando lo ven! Yo he presenciado en Alicante cómo todo un pueblo se ponía en vilo al presenciar una representación de la cumbre del teatro católico español: ¡La vida es sueño! No se diga que no lo sentían. Para entenderlo, las luces de toda la teoría son necesarias. Pero para sentirlo, el teatro es el mismo para la señora encopetada como para la criada. No se equivocaba Molière al leer sus cosas a la cocinera.

De izda. a dcha.: Mª del Carmen García Lasgoity, Mercedes Ontañón y Julia Rodríguez Mata, 1933 (Fundación Federico García Lorca, Madrid)

En 1936 todo se vino abajo. Lorca es asesinado en agosto y Manuel Altolaguirre asume la dirección de La Barraca, que se adapta a la guerra y ofrece funciones para los soldados del frente. En 1937 el Gobierno de la República trató de reorganizar la compañía, una labor demasiado difícil: algunos miembros habían caído, otros se encontraban ya en el exilio y algunos se habían reconvertido al nuevo régimen. Aún así, en agosto de ese mismo año tuvieron lugar algunas representaciones. El bando sublevado también tuvo su propia compañía: un grupo de intelectuales y artistas vinculados a Falange Española forma La Tarumba y representaron -curiosamente- algunas de las funciones que La Barraca había incluido en su repertorio tiempo atrás.

Esta entrada ha sido realizada, casi en su totalidad, gracias al libro La Barraca – Teatro y Universidad. Ayer y hoy de una utopía, realizado conjuntamente por Acción Cultural Española y la Universidad Complutense de Madrid, además de todo el material gráfico que procede, en mayor medida, de las fundaciones Juan March y Federico García Lorca.

Gracias a este valioso trabajo, he tenido la oportunidad de ojear por encima algunas pinceladas de las vidas de quienes formaron parte de aquella “utopía”. Eran todos españoles, de diversas partes de la geografía española y la mayoría murieron dentro de nuestras fronteras en años tardíos. Sin embargo, no puedo dejar de sentir un escalofrío al encontrarme con otros barracos que murieron en el exilio (Buenos Aires, Caracas, México D.F), otros que lo hicieron antes de la década de los cuarenta, y un puñado de ellos de los que, mediante un espacio en blanco, deduzco que no se tiene constancia ni de cuándo nacieron ni de si fallecieron.

Este es un pequeño homenaje a todos ellos.

En esta ocasión, Viva la República (Rafael Torres, 2006); y La Barraca. Teatro y Universidad. Ayer y hoy de una utopía (Acción Cultural Española y Universidad Complutense de Madrid) han sido las fuentes consultadas.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Educación, Teatro. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El teatro de los jóvenes universitarios. La Barraca

  1. Rafael Alonso dijo:

    Sentimiento, solo eso. A veces no es necesario más. Sentirse humano. no importa la condición, la clase. Lo mismo el señor ataviado con elegantes vestidos como la persona que van con pobres ropas. Por mucho que algunas personas se sigan sintiendo superiores por la clase social en la que han nacido o por el dinero que ellos o sus progenitores han acumulado, todos, absolutamente todos, sangran, lloran, se irritan, se avergüenzan, ríen… Creo que fue admirable que estos escritores y artistas quisieran llevar el teatro al pueblo. Lorca no solo me encanta por su obra, sino también por su vida (“Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca”, de Ian Gibson es uno de mis libros favoritos-hace poquito sacó un segundo tomo-). También don Miguel Hernández se acordó del pueblo con sus “Nanas de la cebolla”, “El niño yuntero”, “Aceituneros”…Lo más curioso y una muestra más de la pobre educación de este país, es que estudié en un colegio con su nombre: “Miguel Hernández”. Sin embargo, nunca leí ningún poema suyo hasta que, diez años más tarde y a través de las canciones de Serrat, me acerqué a su obra. Por cierto, si te gusta la poesía, “te recomiendo” a León Felipe y, ahora, en la actualidad (uff, hace mucho que no leo poesía) creo que está muy bien Luis García Montero. Ahora no sé si lo seguirán haciendo, pero el año pasado Juan Ramón Lucas en su programa de RNE, “En días como hoy”, juntaba un día a la semana (el jueves, creo) a Luis García Montero, Juan Cruz y otros escritores para una tertulia sobre actualidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s