Protagonistas

Protagonistas: las voces de la memoria. Este espacio está dedicado a la primera protagonista, muy querida amiga mía, a la que entrevisté el 2 de octubre de 2011.

Matilde Martínez Martínez

Orgullosa y sonriente, muestra la placa con la que “sus juventudes” rindieron homenaje a toda una vida.

Matilde Martínez Martínez nació en Madrid el 28 de agosto de 1918 en el madrileño barrio de Cuatro Caminos. Proveniente de una familia obrera, desde niña sentía ya las diferencias que azotaban a la sociedad española de principios del siglo XX, y cuando tuvo la ocasión se afilió al Partido Comunista de España como muestra de rebeldía ante el poder establecido.

Su juventud estuvo marcada por la Guerra Civil y por el trabajo que desempeñó en el partido para defender a la República. Cuando terminó la guerra, fue denunciada y encarcelada en la prisión de mujeres de las Ventas, en la que permaneció nueve meses, coincidiendo con las menores que más tarde serían apodadas “las Trece Rosas”. Después de aquello, se casó, formó una familia y no volvió a hablar de su pasado; ni siquiera con sus propios hijos.

Sin embargo, los años no han borrado de su memoria los recuerdos teñidos de nostalgia. Unas veces enérgica y decidida y otras, ensombrecida y apesadumbrada, Matilde va tejiendo su propia historia, una de tantas, que forman parte de la historia reciente de nuestro país.

-¿Qué recuerdos de la niñez pudieron influirle en las decisiones que tomó en la juventud?

Yo iba a un colegio de monjas porque no había colegios nacionales antes de la República. Las que pagaban entraban por una puerta muy bonita, y las que íbamos gratis lo hacíamos por una cancela en la que apenas sí entrábamos dos niñas.No podíamos llevar calcetines blancos y llevábamos un vestido que nos tapaba las rodillas,porque éramos pobres. Fue así como la Iglesia me hizo rebelde. Por ejemplo, mi prima iba a dejarme un vestido precioso para cuando yo hiciera la Comunión. Cuando llegó el día, las monjas nos pusieron a las pobres un vestido que nos dejaron de piqué, blanco, que nos llegaba al cuello y nos pusieron un velo con una goma, como las enfermeras de entonces, y esa fue mi Comunión.

-Era inevitable que simpatizara con la izquierda ¿También lo era que acabara en las filas del Partido Comunista?

Mi familia siempre fue de izquierdas, pero nos dejaron tener las ideas que quisimos. Mi padre era de la UGT y de pequeña  iba él a la Casa del Pueblo, y me gustaba ir a las asambleas.Mi hermano mayor se hizo del Socorro Rojo y, por eso, yo estaba deseando tener dieciocho años para meterme en el Partido Comunista, que era el que me gustaba. Y nada más empezó la guerra, me afilié. Pertenecía a la C-2, y en seguida me hicieron secretaria de agitación y propaganda; mi misión era ir a casa de los socios para avisarles de que debían ir a las reuniones. Yo era una más, pero nos teníamos que dar algún cargo a alguna y se conoce que me vieron fresca.


“No hicimos nada. ¿Qué íbamos a hacer? ¡Si los moros estaban todos por la calle con sus armas!


-¿Cuál es su actividad durante la Guerra Civil con el Partido?

Yo no fui al frente. Iba al centro del Partido y cosíamos los uniformes que venían  rotos, botones, pantalones y rotos de camisas. Una vez fui con las compañeras al frente de la Casa de Campo a llevarles un poco de coñac a los soldados. Les dimos conversación y les animamos diciéndoles que había que luchar para vencer. Estaban muy entusiasmados porque eran jóvenes y además voluntarios. Pasé mucho miedo porque cuando llegamos allí, oímos un cañonazo. Y desde la calle en la que yo vivía se oían, pero allí me hizo más impresión.A última hora estuve repartiendo pasquines que nos dieron en el partido para que los voluntarios no se rindieran; decían algo así como “defender Madrid como sea y si no, volarlo”. Ya no me acuerdo.

-¿Cómo vive la caída de Madrid?

Estaba en mi casa; rompí un pañuelo a mordiscos; no hicimos nada. Mi madre y yo nos abrazamos. No hicimos nada, ¿qué íbamos a hacer? ¡Si los moros estaban todos por la calle y llevaban sus armas! Las puertas se cerraron; otros, las abrieron. Otro día, una amiga vino a decirme: “¡anda ya se ha acabado la guerra, ya se te ha acabado la tontería!” y yo pensé, bueno ahora te toca a ti. No se portó mal conmigo, como yo nunca me porté mal con ella. Cada uno tiene sus ideas y he tenido amigas de derechas y no me he metido con ellas,ni tampoco ellas conmigo.

-Su militancia en el Partido Comunista fue una de las razones por las que ingresó en la cárcel. ¿Qué ocurrió para que la apresaran?

A mí me denunció un vecino que vivía en la casa de más arriba, que era falangista y que sabía que yo era del partido. Vamos, creo que fue por eso. O porque mi familia y yo ayudamos a una vecina, que era hija de un socialista al que se lo habían llevado detenido. La muchacha no tenía trabajo y venía a coser a mi casa, porque teníamos dos máquinas, y  se conoce que al hombre no le sentó bien que la ayudáramos.


“Algunas de las Trece Rosas querían que rezáramos por ellas. Yo no tenía intención de rezar, pero lo hicimos. De nada las valió”


 -¿Negar su pertenencia al Partido Comunista no le hubiera ahorrado sufrimiento?

¡Yo no lo negué nunca! Y cuando a mí me detuvieron lo dije. Me cortaron el pelo. Ingresé en la cárcel, no pelona, pero me raparon partes de la cabeza y ¡menos mal que me metieron allí y no salí a la calle!Nos sacaron a las siete de la mañana a los tres que estábamos detenidos; había una muchacha y un chico al que le cortaron el pelo, pero a tirones. Los falangistas nos llevaron a los tres a la Dirección de Seguridad, apuntándonoscon el fusil, y la gente nos miraba mientras andábamos por la calle San Bernardo. A mí no me pegaron, también lo puedo decir, porque que llegó uno vestido de falangista, no sé qué grado tendría, y dijo: “¡esta noche no hay aquí ni cortes de pelo ni palizas!” A  mí ya me lo habían cortado.

-Y llegó a la cárcel de Ventas.

En junio, la fecha no te la puedo decir, y estuve  nueve meses. En ese tiempo fue cuando sacaron a esas chicas, el 5 de agosto de 1939. Aquella noche nos la pasamos rezando porque algunas de las Trece Rosas querían que lo hiciéramos por ellas. Yo no tenía intención de rezar, pero lo hicimos. De nada las valió. Aquello fue horrible. Horrible. Eso no se puede contar. Porque no fueron sólo las Trece Rosas, ¡que mataron a cuarenta y dos hombres la misma noche! Algunas de ellas esperaban ver a sus maridos y a sus novios y se creían que los iban a juntar y se iban a ver, y se pintaron y se peinaron. Eso fue muy triste.

-Cuénteme algo de esos nueve meses en la cárcel.

Cuando ingresé en la cárcel se me calló el alma a los pies. Aquello daba pena de ver, porque todas éramos muy jóvenes y había muy pocas que no estuvieran pelonas; otras tenían heridas mucho peores, porque les ponían electricidad en las uñas y en los pezones para que hablaran; y a otrasles pegaron palizas.

Estuve quince días en los que no me explicaba qué hacía en la cárcel. Yo era comunista, sí, pero se había acabado la guerra y no hice nada en contra de ellos después de acabarse la guerra; Llorar nuestra derrota, eso fue lo único que hice.Conocía a dos o tres chicas que luego serían las llamadas “Trece Rosas”, pero cuando me veían no me hablaban y no sabía por qué. A los dos días vino una y me dijo que era mejor así para no implicarme. Aquello me emocionó mucho.

-¿Cómo trataban a las presas en la prisión?

La cárcel de las Ventas tenía capacidad para cinco mil personas y nos juntamos once mil. Así que dormíamos tiradas en el suelo, ¡no había celdas suficientes!Metieron en la cárcel… ¡yo qué sé! A todo el que quisieron. Allí cantábamos y bailábamos de día pero todas las noches me acostaba llorando porque veía una injusticia muy grande. Nos quitaban el agua a las siete de la mañana, nos daban de comer, a lo mejor, a las tres de la madrugada, nada más que por hacernos sufrir.Dos veces en diciembre nos fuimos a duchar a las doce de la noche, pero tenía que ser con agua fría y mi cuerpo no lo resistía.

-¿Recibía visitas de sus familiares en la cárcel?

Sólo iba mi madre, mi padre nunca fue. Tenía miedo porque durante la guerra lo habían militarizado. Y mis hermanas tampoco venían porque le dije a mi madre que ni ellas ni mis amigas vinieran. ¡Pobrecilla mi madre! Cada día tocaba un apellido para recibir visitas y yo le tenía dicho que cuando fuera a llevarme un bocadillo o lo que fuera, se inventara mi primer apellido. Si tocaba la G, yo era Matilde González Cabello; ¿la J? Jiménez Cabello.


“Hasta que no se murió Franco no pudimos hablar y luego también tuvimos miedo. Mi marido y yo no les contamos nada a nuestros hijos nada de lo que vivimos”


-¿Cómo es salir a la calle en una España completamente distinta?

Salí en febrero y tenía mucho miedo porque me parecía que me seguían por todos los lados.

-¿Cómo vive los años de la dictadura?

Después de aquello no hice nada. Ahora me hice ya mayor, me he hecho comunista otra vez y participo en algunas reuniones, pero ya no puedo hacer nada. Mi memoria sí, supongo.

No he podido contar mi historia porque hasta que no se murió Franco no pudimos hablar y luego también tuvimos miedo. Mi marido y yo no les contamos a nuestros hijos nada de lo que vivimos  hasta mucho después.

-Investigaciones, novelas, libros de divulgación, películas… en los últimos años cada vez hay más trabajos sobre la Guerra Civil, pero ¿queda aún mucho por hacer?

Yo hablo por todos los que ya no pueden hacerlo. Todavía se necesita el reconocimiento a los muertos, la Ley de la Memoria, contar de verdad lo que ocurrió y no la historia que los ganadores contaron. Hay tanto por hacer… Y muchos como yo ni se acuerdan porque lo han olvidado o sus familiares les han dicho que no tenía importancia hablar. Es necesario que la sociedad recuerde su historia para no repetir los errores del pasado.

Ahora, por ejemplo, voy a un centro de día y una señora, que era como yo, dijo “hoy tengo ganas de cantar”, ¡y se puso a cantar Cara al Sol! Y yo sé por qué canta eso, porque lo canta por mí. No te creas que eso va a quedar así, no, desde luego. No, yo no voy a decir nada; nada más que voy a decir “tengo ganas de cantar”, ¡y canto la Internacional!

Momentos de la entrevista con Matilde Martínez (En vídeo – 3:56)

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Una respuesta a Protagonistas

  1. Francisco Gómez dijo:

    Buen Trabajo

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